Las chicas modernas cocinamos como nuestras bisabuelas. No nuestras bisabuelas reales, pobres santas que llegaron en barcos a poblar las pampas; cocinamos como otras abuelas imaginarias, japonesas y yoguis, amantes de los productos naturales y enemigas del aceite en cantidad.
La comida de mis bisabuelas reales te caía como una bomba, aunque el tiempo romantiza todo.